Esas cosas que pasan, que se van dejando y dejando. He aquí una paradoja: el marqués de Cádiz y conde de Arcos, juanista (de los de Juana la Beltraneja) hasta el tuétano y enemigo declarado de los Reyes Católicos, llega a Ronda, allá por 1485, asedia el tajo y vence al rey moro de turno. Y se la entrega al rey Fernando en una maniobra política de complicada explicación. Convertida Ronda, los Reyes Católicos premian este enclave que ha descubierto la verdad divina con un asentamiento cercano, al otro lado de unos peñascos, llamado Montecorto, donde los romanos tenían el poblado de Acinipo, rico en sílex -que les pregunten a los del Neolítico- y con manantiales manando de todas sus piedras. Y como la cosa se va dejando y dejando, Manuel, de 80 años, ojos celestes, manos como palas excavadoras de recoger garbanzos, almendras, aceitunas..., rememora en el velador de un bar de Montecorto las penalidades de su juventud: "Había que ir a Ronda a por papeles andando". "¿Andando, Manuel? ¿Pero cuánto tardabas?". "Hora y media". "Pero si está a 24 kilómetros...". "Bueno, salías de esa vereda que hay un poco más abajo, cruzabas las trochas, ibas por el monte. También podías coger un coche, pero tenía nueve plazas sólo y tenías que apuntarte el día antes. Si no había sitio, no había sitio, y la carretera no era una carretera". "Entonces con Ronda...". "Con Ronda bien malamente. Si había diez duros para Montecorto Ronda se quedaba con cinco y mandaba otros cinco para Montecorto. Nah, en Ronda nunca nos quisieron bien".

Antonio González es bibliotecario en Ronda, pero nació y creció en Montecorto, en las calles que muestran las fotos del vestíbulo de la Alcaldía del nuevo municipio andaluz, el número 102 de la provincia de Málaga, el 772 de Andalucía. En esas calles con burros, los pedregales descienden entre casitas blancas. Son fotos de los años 60 que iluminan encanto, pero la realidad no tenía tanto encanto. "No había alcantarillado, teníamos problemas con el agua, con la luz eléctrica". El invierno en el Montecorto de la infancia de Antonio González, sentado ante el sobrio escritorio del despacho de la alcaldía, era crudo y vaya usted a quejarse a Ronda. Desde el pasado martes Montecorto ya no depende de Ronda, la lejana Ronda, y ya es el último pueblo de Málaga, en su frontera con Cádiz. A tres kilómetros El Gastor, a diez kilómetros Grazalema, los pueblos que son la referencia social. Antonio González, que lleva al frente de Montecorto ni se sabe, cuando era delegado de la alcaldía de Ronda en este asentamiento de poco más de 600 almas, cuando se puso al frente de la entidad local autónoma, cuando empezaron a invertir en fuentes, cuando quisieron sumarse al auge turístico de la sierra de Cádiz, luce una enorme sonrisa: "Ahora nos conocerán un poco más y quizá eso proporcione algo de trabajo".

Hace falta. Más de cien de los 600 habitantes del pueblo están en el paro. La lista de espera de peón clavada en el corcho de la entrada de la Alcaldía tiene 59 nombres, aunque el dinero de la Diputación para quitar los cables aéreos que sobrevuelan el pueblo y meterlos bajo tierra ha entregado chalecos fluorescentes y jornales que corren paralelos a la acequia por la que corre el susurro del agua. Es el reclamo. El pueblo se ha llenado de carteles indicadores. Un panel a la entrada, junto al parque de ejercicios para ancianos, ofrece hasta 15 lugares de interés turístico, donde destaca la estrella, el nacimiento del manantial, la banda sonora de Montecorto, un lugar donde el ruido es agua corriendo. Hay mucho trabajo que hacer. Habría que quitar el pavimento de cemento y cambiarlo por un suelo empedrado, más rústico, más pintoresco. Hay que hacer el pueblo más típico, reivindicar el espárrago como identidad gastronómica. Visite Montecorto, como dice el cartel de la carretera, paraíso de luz y agua, que es el eslogan, idea fuerza.

"¿En qué les cambia la vida ser independientes?" "En realidad, en muy poco", contesta Antonio. Desde que en 2002 les dieron categoría de entidad local autónoma asumen casi todas las competencias de un ayuntamiento. De tener un policía local y un basurero como todo personal, pasaron a siete empleados municipales que arreglaban papeleos y cobraban los impuestos. "La única competencia que no teníamos era la urbanística. Ahora podremos hacer nuestro propio plan general y se podrá poner suelo para construir algunas casas más porque hay extranjeros que se interesan por vivir aquí. No una gran ampliación, algo pequeñito, pero el pueblo necesita crecer".

Ya hay quien se ha adelantado. La independencia ha llevado ilusión al pueblo y, junto a la calle Pablo Ruiz Picasso, avenida principal del pueblo, se encuentra una tienda de alimentación que vende de todo y que se anuncia como Grocery Store y reinvindica sus eggs, sus meats y sus frozenfish. No es que se vean muchos extranjeros, pero ya vendrán.

Antonio González, el alcalde in péctore, que sabe que tendrá que presentarse a las municipales, "si mi mujer me deja", es consciente que entra en una nueva etapa. Se deshace en elogios con el ayuntamiento de Ronda, al que no le ha importado en exceso desprenderse del regalo de Fernando el Católico. "No somos muchos habitantes, estábamos en un extremo del término municipal y lo que pierde Ronda no llega a 25 kilómetros cuadrados". La comisión gestora, con cuatro miembros del PSOE, dos del PA y uno del PP, es la encargada de dar forma a esta segregación. "Todos nos llevamos muy bien", indica González, que no puede evitar bromear con las comparaciones con Cataluña: "No, aquí no hacía falta una consulta. La gente de Montecorto es de Montecorto y con las mejoras de las comunicaciones, la carretera nueva, Ronda está aquí al ladito y de allí seguiremos dependiendo para el hospital o el instituto. Esto no quiere decir que ahora queramos tener de todo porque sabemos que somos los habitantes que somos. Lo que cambiará es que podremos decidir por nosotros mismos cómo queremos que sea el pueblo sin tener que preguntar a nadie y lo mismo tenemos algo más de dinerito".

Francisco Javier Camacho, director general de administración local de la Junta de Andalucía, un onubense de Izquierda Unida, pone el ejemplo de Montecorto como un caso de segregación en buena sintonía. "No tiene mucho sentido legislar como quiere el PP con ideas preconcebidas, como aquello de que para tener un ayuntamiento propio una localidad tiene que tener más de 5.000 habitantes. Montecorto es un caso de pueblo pequeñito con identidad propia, con lindes históricas perfectamente marcadas y que quiere tener la administración más cerca de sus habitantes, como ocurre en la división de distritos de cualquier gran ciudad. La Junta se guía para dar el visto bueno a las segregaciones en que el ayuntamiento matriz esté de acuerdo, como ha pasado con Ronda, que tiene un alcaldesa del PP, y que la entidad local autónoma tenga capacidad para la gestión".

Los pasos que ha dado Montecorto están a punto de darlos Dehesas Viejas, que dejará de depender del municipo granadino de Iznalloz, y Serrato, en el otro extremo del municipio de Ronda. Ellos también quieren tremolar sus banderas, como la que agarra Antonio González, celeste, con un castillo que hace siglos que no existe, un dolmen y una gota de agua como símbolos. La identidad, que es algo muy etéreo. Cuando termine su jornada en el ayuntamiento Antonio volverá Ronda, donde tiene su casa y su familia y la biblioteca en la que trabaja. Porque en el DNI, que expenden en la comisaría de Ronda, pondrá que los montecorteños son malagueños, aunque tengan la provincia de Cádiz a diez minutos andando. En cualquier caso, la independencia ha sido una inyección de optimismo. Las fronteras tienen este extraño componente emocional.