Aunque los colores rojo, amarillo y rojo de la bandera nacional nos parezcan algo ya cotidiano, la insignia española tiene un largo recorrido histórico. La actual está regulada por la Constitución, pero para llegar hasta ella tuvieron que ponerse en marcha otras tres legislaciones: Ley 39/1981 por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas, el Real Decreto 441/1981 por el que se especifican técnicamente los colores de la Bandera de España y la Ley 39/1981, por la que se regula el uso de la bandera de España.

La bandera tiene un tono de rojo específico y unas proporciones concretas. El artículo 4.1 de la Constitución Española establece sus colores y su medida, apuntando a que la banda amarilla debe tener el doble de anchura que cada banda roja.

Sin embargo, el origen de esta bandera se remonta hasta Carlos III.

Aunque no se puede hablar de una fecha única de creación de la bandera, el origen se remonta al reinado de Carlos III (1759-1788). En aquella época no existía una única enseña que representase el conjunto de tierras españolas en un imperio tan amplio como era entonces el español. Había tres símbolos oficiales: la bandera real, las militares y el pabellón (la bandera de popa) de la Marina.

La mayoría de los países utilizaban distintivos con elementos blancos, lo que creaba confusión en las expediciones marítimas por los buques de guerra. Por ello, encargó Antonio Valdés y Bazán, que entonces era su ministro de Marina, que convocara un concurso en el que se presentaron hasta doce bocetos, de los que el Rey escogió dos: uno que distinguiera la Marina de Guerra y otro para la mercante.

Poco a poco el uso de esta bandera se va extendiendo hacia los castillos y otras zonas de defensa de las costas con Carlos IV (1788-1808). Por necesidades propagandísticas, en la Guerra de Independencia (1808-1814) el uso de las insignias de todo tipo se dispara.

No fue hasta el reinado de Isabel II (1833-1868) cuando la bandera llegó tambien al Ejército de Tierra con el Real Decreto de 13 de octubre de 1843 que impuso a este cuerpo las enseñas rojigualda.

Tanto en el reinado de Amadeo I de Saboya (1871-1873) como en la Primera República (1873-1874) se respetaron los colores. Aunque en esta última etapa se pensó en introducir una franja morada, finalmente no se hizo. Durante el reinado de Alfonso XII (1874-1885) se publica una nueva Instrucción que refuerza las insignias nacionales.

Con la irrupción de la Segunda República (1931-1939), se decidió dar un nuevo símbolo al estado naciente. El Gobierno provisional decretó en 1931 la introducción de una banda color morado completando la enseña de «tres bandas horizontales de igual ancho, siendo la roja la superior, amarilla la central».

En 1936 estalló la Guerra Civil y las tropas sublevadas se restableció la bandera rojigualda gracias a la firma de un Decreto el 29 de agosto de 1936. El presidente de la Junta de Defensa Nacional, general Cabanellas, firmó un decreto el 29 de agosto de 1936, por el que «se restablece la bandera bicolor, roja y gualda, como bandera de España».

Cuando el general Francisco Franco (1939-1975) ganó la guerra impuso definitivamente la insignia. El águila franquista se estampó en la tela roja y gualda.

Con la llegada de la Democracia Española, se buscó una enseña que uniera a todos los españoles y espantara las divisiones del pasado. El Rey Juan Carlos I sustituyó el reglamento franquista por el Real Decreto 1511/1977,que regulaba banderas y estandartes, guiones, insignias y distintivos.

El artículo 4.1 de la Constitución Española avisa de que «la bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas, hasta la actualidad».

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