De coronas borbónicas y barras donde no toca.
Muchos de los 231 escudos municipales que carecen de validez oficial arrastran errores como los remates cerrados en el timbre, de tradición castellana; las armas reales de las cuatro barras en pueblos que no pertenecieron al rey sino a un señor; y formas no cuadrilongas.

Desde que en 1837 se obligó a cada población a tener un escudo propio, los ayuntamientos valencianos con la complicidad de Madrid en el siglo pasado han caminado de forma dispar sin atender la unidad simbólica ni el respeto a la tradición heráldica. Ésta es una muestra de los errores más habituales que no acepta la Generalitat.

PACO CERDÀ | VALENCIA Que 231 municipios valencianos tengan un escudo no reconocido por la Generalitat, como desveló ayer Levante-EMV, se explica mirando a Madrid. Allí, cuando en 1837 se abolieron los señoríos y se obligó a todas las poblaciones a dotarse de un escudo municipal, entre la Real Academia Española de la Historia y el Ministerio de la Gobernación aprobaron en serie las propuestas de escudos que recibían. Sin apenas sensibilidad hacia los criterios más arraigados en la propia identidad municipal y en la heráldica regional, autorizaban escudos con las armas reales de la Corona de Aragón la cuatribarrada sobre oro sin importar que la villa en cuestión no hubiera dependido del rey sino de un señor feudal, como era lo habitual salvo en casos como Valencia, Xàtiva, Alzira, Sagunt, Cullera, Castelló, Morella, Borriana, Vila-real, Ontinyent o Alicante, por citar algunas ciudades de realengo. También se validaban los escudos rematados en el timbre por una corona real cerrada a lo borbónico, totalmente ajena a la tradición heráldica de los territorios de la Corona de Aragón, donde es propia la corona abierta, como destaca Jesús Huguet, secretario del Consell Valencià de Cultura y miembro del Consell Tècnic d'Heràldica i Vexil· lologia de la Generalitat.

Muchos escudos fueron cambiando a lo largo de los siglos XIX y XX, especialmente en los años 50, 60 y 70 de la pasada centuria. Pero con los requisitos heráldicos establecidos por el Consell en su decreto 116/1994 ya no hay marcha atrás: todo ayuntamiento que quiera tener un escudo oficial reconocido por la Generalitat la Administración competente en esta materia debe plegarse a sus criterios y adaptar su escudo. Por ese proceso que es voluntario y recomendado, pero no obligatorio han pasado 311 ayuntamientos. El resto de poblaciones sigue en el limbo con unas enseñas que no se ajustan a los criterios comunes que pretenden unificar los símbolos del municipalismo valenciano.

Y las irregularidades que cometen los escudos no validados por el consejo heráldico son, por ejemplo, las siguientes. En el escudo de Benicarló y Puçol, aprobados en Madrid los años 1971 y 1961 respectivamente, el escudo es cuadrilongo como toca pero acaba en punta final, algo no permitido por la normativa autonómica. El decreto exige escudos de tipo cuadrilongo redondo, excepto la forma en losange (rombo) en casos excepcionales justificados por una antigua tradición que se remonte a antes de 1837, como el de Valencia o Alzira. De los dos ejemplos antes señalados, cada uno incumple otra norma: el de Benicarló luce corona cerrada borbónica y el de Puçol exhibe una contradicción: por un lado muestra en uno de sus cuarteles el símbolo episcopal del capelo, los cordones y las borlas en alusión a que la población perteneció como señorío al obispado de Valencia, pero por otro lado luce los cuatro palos de gules sobre oro de la cuatribarrada, cuando no fue villa real. Esas barras le sobrarían.

La política en el escudo
En el escudo no oficial de la Pobla de Vallbona aprobado en 1976, cuando arreciaba la batalla de símbolos en tierras valencianas, entre la cuatribarrada incorrecta según la norma autonómica y la corona cerrada también contraria a los criterios de la Generalitat aparece un extraño y sospechoso color azul que pertenece al interior de la corona y que logra transmitir la imagen de una señera tricolor. Parece una muestra de política incrustada en la heráldica.

La apariencia espartana de la enseña de Almassora sufre la falta de una corona. En sentido contrario, la sobreabundancia de elementos haría inviable en su forma actual los escudos municipales de Museros, Moncada, Orihuela, Manises o Burjassot. De hecho, el reglamento valenciano estipula de forma tajante que «no se adornará el escudo municipal con ningún otro ornamento exterior ni lemas o filacterias».

Para comprobar el proceso de normalización de un escudo, resulta instructivo observar el reciente caso de la Font de la Figuera. Aprobado en 1978 por Madrid, contenía errores como su forma cardiforme, más propia de la tradición alemana o polaca, y la corona cerrada. El nuevo escudo, aprobado por la Generalitat, sigue incluyendo como elementos únicos la font de la plaza mayor y la figuera. Pero con forma cuadrilonga y corona abierta. Asunto solucionado. Ahora bien: en el fragor de la batalla, la oposición, del PP, hasta llegó a reclamar una consulta popular sobre la nueva enseña. Pese al paso de los siglos, otra vez las lanzas se abaten contra los escudos.